El huevo estuvo rodeado de distintos mitos por su contenido de colesterol. La evidencia actual destaca su aporte nutricional y su importancia en la alimentación diaria.
El huevo es uno de los alimentos que durante décadas estuvo rodeado de mitos. Su contenido de colesterol generó debates sobre cuánto consumir, mientras que también se discutió si era mejor comer solamente la clara, si los huevos marrones eran más nutritivos que los blancos o si consumirlos crudos permitía aprovechar mejor sus nutrientes.
Hoy, la evidencia disponible permite revisar muchas de esas creencias y ubicar al huevo como un alimento nutritivo, versátil y accesible.
Argentina, entre los países que más huevo consumen
Según un informe, el huevo ocupa un lugar central en la alimentación argentina. Con cerca de 400 unidades por persona al año, Argentina registra uno de los consumos per cápita más elevados a nivel mundial.
La diferencia también se observa dentro de la región: Brasil alcanza aproximadamente 283 huevos por habitante, Chile 251 y el promedio latinoamericano ronda los 304.
El protagonismo del huevo también está relacionado con su perfil nutricional. Una porción de dos huevos, equivalente a unos 100 gramos, aporta alrededor de 13 gramos de proteínas de alta calidad, además de vitaminas B12 y D, ácido fólico y biotina, y minerales como fósforo, hierro, zinc y selenio.
También aporta colina, un nutriente esencial que participa, entre otras funciones, en el funcionamiento del cerebro y del sistema nervioso.
Una producción que continúa creciendo
El liderazgo en el consumo también tiene su correlato en la producción. El plantel argentino de gallinas ponedoras superó los 62 millones de aves durante el último año, con un crecimiento cercano al 9%, y las proyecciones apuntan a entre 65 y 67 millones durante 2026.
La producción alcanzó alrededor de 19.000 millones de huevos en 2025 y este año podría superar los 20.000 millones. Buenos Aires y Entre Ríos concentran cerca del 70% de la producción nacional.
Este crecimiento plantea también el desafío de mantener elevados estándares de sanidad, prevención y bioseguridad.
“El crecimiento de la industria no es casualidad: es el resultado de años de inversión sostenida en genética, sanidad y tecnología por parte de los productores argentinos”, señaló Javier Prida, presidente ejecutivo de la Cámara Argentina de Productores e Industrializadores Avícolas (CAPIA).
El especialista remarcó que la expansión del sector requiere acompañar el crecimiento con altos estándares sanitarios para garantizar la sustentabilidad de la actividad.
Detrás de cada huevo que llega a la mesa existe un trabajo sanitario que comienza en la granja, con prevención de enfermedades, vacunación, bioseguridad, monitoreo permanente y acompañamiento veterinario.
En Argentina, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) establece requisitos sanitarios y de bioseguridad para los establecimientos avícolas, incluyendo planes sanitarios y la intervención de profesionales veterinarios responsables.
La sanidad avícola también se vincula con el concepto de Una Salud, que reconoce la relación entre la salud animal, humana y ambiental.
“La salud animal, la salud humana y la salud del ambiente están profundamente conectadas”, explicó Eugenia Sanz, directora de la Unidad de Negocios de Avicultura de MSD Salud Animal.
Los cinco mitos sobre el huevo
1. El huevo dispara el colesterol en sangre
Durante años, el contenido de colesterol del huevo llevó a limitar su consumo. Sin embargo, actualmente se considera que el riesgo cardiovascular debe analizarse dentro del contexto general de la alimentación y el estilo de vida, y no a partir de un único alimento.
En personas sanas, el huevo puede formar parte de una alimentación equilibrada.
2. Los huevos marrones son más nutritivos que los blancos
El color de la cáscara depende principalmente de la genética de la gallina y no determina que un huevo sea nutricionalmente superior a otro.
Por lo tanto, el color de la cáscara no es un indicador de mayor calidad nutricional.
3. Comer huevo crudo permite aprovechar mejor sus nutrientes
La realidad es diferente. La cocción mejora la digestibilidad de algunas proteínas y, además, reduce el riesgo asociado a microorganismos como Salmonella.
Por eso, cocinar adecuadamente el huevo es la alternativa más segura.
4. Hay que lavar los huevos antes de guardarlos
La cáscara cuenta con una barrera natural protectora. Lavarlos antes de almacenarlos puede alterar esa protección y favorecer el ingreso de microorganismos a través de sus poros.
Si fuera necesario limpiarlos, se recomienda hacerlo siguiendo las pautas de manipulación segura.
5. Comer solamente la clara es siempre más saludable
La clara y la yema tienen perfiles nutricionales diferentes y complementarios.
Mientras la clara concentra buena parte de las proteínas, la yema aporta vitaminas, minerales, grasas y nutrientes como la colina.
Por eso, consumir el huevo completo permite aprovechar el conjunto de nutrientes que ofrece este alimento.