La derrota ante España dejó una enseñanza que va más allá del fútbol: el valor del esfuerzo, la humildad, la resiliencia y los vínculos que se construyen cuando los resultados no acompañan.
Los argentinos, en términos generales, tenemos una relación muy particular con el éxito. Muchas veces parece que no existen los grises: o somos campeones del mundo o no servimos para nada, o todo está bien o todo está mal.
Esa mirada exitista aparece incluso en el fútbol, una pasión que forma parte de nuestra identidad. Después de la derrota ante España, llamaron la atención algunas críticas que aparecieron rápidamente, incluso de periodistas, cuestionando el juego, los cambios o las decisiones, sin tener en cuenta quizás todo el contexto que rodeó a ese partido.
Porque hay algo que debemos reconocer: España fue superior y nos pintó la cara. Hay que decirlo con todas las letras. Fue un rival enorme, que hizo méritos para ganar.
Pero esa derrota también nos permitió ver algo que muchas veces queda escondido detrás del resultado: la garra, la resiliencia y la humanidad de un grupo que dejó todo en la cancha.
Jugadores con lesiones, algunos prácticamente sin poder caminar, que igualmente pusieron la piel, el corazón y el compromiso hasta el último minuto.
Y perdimos. Sí.
Pero somos subcampeones del mundo. Y eso no es menor.
Lo más importante que dejó esta Selección no fue solamente una actuación deportiva. Fue la posibilidad de mirar a un equipo desde otro lugar. Ver personas detrás de las camisetas.
Muchos de estos jugadores vienen de historias de esfuerzo. De familias que hicieron sacrificios, de chicos que alguna vez tuvieron que juntar monedas para viajar, compartir una comida o luchar contra las dificultades para alcanzar un sueño.
Y quizás allí estuvo la clave de este grupo: en la forma de entender el camino.
El liderazgo y la humildad de sus jugadores, junto al trabajo de Lionel Scaloni y su cuerpo técnico, lograron construir algo mucho más grande que un equipo de fútbol. Lograron construir un grupo humano.
Un grupo donde uno trabaja para que el otro pueda brillar.
Un grupo donde el valor no desaparece cuando llega una derrota.
Porque hace algunos años, muchos de estos mismos jugadores también fueron segundos. Y en aquel momento, sin este proceso, sin esta conducción, muchos los cuestionamos. Muchos nos sumamos a esas críticas.
Hoy la mirada es diferente porque aprendimos algo importante: no siempre ganar significa haber hecho las cosas bien, y no siempre perder significa haber fracasado.
A veces, si dejaste todo en el camino, si diste la última gota de esfuerzo, si dejaste la piel, aunque el resultado no sea el esperado, también podés estar tranquilo.
Y esa enseñanza no es solamente para la Selección. También es para nosotros.
Porque todos, de alguna manera, estamos atravesando momentos difíciles. A todos nos falta algo. A algunos les falta dinero, a otros tiempo, a otros tranquilidad. Muchas veces las cosas no salen como queremos.
Pero, como dijo Scaloni, ganes o pierdas, al otro día te levantás y seguís.
Y quizás esa sea una de las enseñanzas más importantes que este grupo le dejó al pueblo argentino.
Hoy, además, celebramos el Día del Amigo.
Un día donde las redes sociales se llenan de fotos, mensajes y saludos. Y está bien que así sea. Toda oportunidad que nos recuerde la importancia de quienes caminan a nuestro lado merece ser celebrada.
Pero la verdadera amistad no se mide por una publicación. No se mide por un mensaje enviado una vez al año.
La amistad se construye en los días comunes.
Cuando no hay cámaras. Cuando no hay fotos. Cuando no hay festejos.
Pero fundamentalmente cuando la vida golpea.
Cuando llega esa situación que nos deja tambaleando y aparece ese amigo que pone el hombro, que acompaña, que quizás no tiene todas las respuestas, pero simplemente está.
Porque un amigo no es solamente quien comparte nuestras alegrías. También es quien tiene el valor de decirnos una verdad que quizás no queremos escuchar. Es quien permanece cuando otros se alejan. Es quien celebra nuestros logros sin envidia y quien nos sostiene cuando las cosas no salen bien.
Vivimos una época donde es muy fácil sumar seguidores, contactos y amigos entre comillas. Pero cada vez parece más difícil construir vínculos profundos.
Porque la amistad exige tiempo, escucha, lealtad y compromiso.
Exige estar cuando el otro lo necesita y no solamente cuando nos conviene.
Exige respetar diferencias, discutir, incluso enojarse, pero después poder volver a encontrarse y levantar nuevamente la copa por esa amistad.
También exige pedir perdón cuando nos equivocamos y saber perdonar.
La amistad es una forma de construir una sociedad mejor. Una comunidad donde las personas sean capaces de confiar, acompañar y tender una mano sin esperar nada a cambio.
Y quizás eso fue lo que esta Selección nos permitió espiar: cómo se construye un grupo sólido.
Un grupo de amigos que se cuidan, que se sostienen y que entendieron que el éxito no depende solamente de levantar una copa.
Por eso, antes de decir feliz Día del Amigo, quizás deberíamos hacernos una pregunta:
¿Estoy siendo el amigo que me gustaría tener?
Porque los grandes vínculos no se sostienen por la emoción de un día. Se sostienen por las decisiones de todos los días.
Hace poco recibí un mensaje de un amigo que me hizo reflexionar. Me escribió que el Día del Amigo era mañana, pero que me saludaba hoy porque hoy también era día del amigo. Y pasado mañana también. Y todos los días del año.
Y tiene razón.
El Día del Amigo lo festejamos hoy, pero la amistad se trabaja todos los días.
Porque mantener un amigo no es una tarea sencilla. Es una decisión. Es decidir cuidar al otro, respetarlo, acompañarlo, decirle aquellas cosas que quizás no quiere escuchar, compartir risas, discusiones, momentos buenos y momentos difíciles.
Esta Selección que nos acompañó durante tantos años nos mostró eso. Nos mostró que los grupos fuertes se construyen tomando decisiones para cuidarse, para sostenerse y para estar juntos cuando llega la alegría, pero también cuando la copa no aparece.
Ojalá aprendamos de ellos.
Que entendamos que la amistad no es solamente salir a festejar juntos.
La amistad también es estar.
Es ayudar.
Es acompañar.
Es dejarse ayudar.
A todos ustedes, a mis compañeros de la radio y a mis amigos: feliz Día del Amigo. Gracias por estar. Son muy importantes para mí.
Editorial por Sergio Raynoldi