El debate sobre la Ley de Bosques y el desarrollo social puso en agenda el rol clave de la agricultura familiar, su impacto en la economía doméstica y la necesidad de políticas públicas sostenidas.
En medio de un contexto económico desafiante, la agricultura familiar vuelve a posicionarse como una herramienta central tanto para el sustento de los hogares como para el desarrollo local. Así se desprende del análisis compartido en diálogo con Vivos y Sueltos, donde se abordó el impacto de estas prácticas en la vida cotidiana.
En ese marco, se destacó que la producción de alimentos en el hogar, las huertas y los pequeños emprendimientos no solo representan una alternativa económica, sino también una forma de garantizar acceso a alimentos y fortalecer la autonomía familiar.
“Es un momento muy interesante para relanzar la agricultura familiar y que las nuevas generaciones vuelvan a tomar contacto con estas prácticas”, se planteó durante la entrevista.
La Ley de Bosques y el enfoque transversal
El debate también incluyó el alcance de la Ley de Bosques, entendida no solo desde lo ambiental, sino como una política que atraviesa distintas áreas del Estado, incluyendo desarrollo social, producción y territorio.
En ese sentido, se remarcó que las políticas vinculadas al sector requieren un abordaje integral, con participación de distintos ministerios para responder a las necesidades de los agricultores familiares, quienes cumplen un rol clave en las economías regionales.
Educación rural y oportunidades
Otro de los puntos que generó preocupación fue la situación de la educación rural. Se advirtió que el cierre de escuelas, las recategorizaciones y la falta de oportunidades impactan directamente en la permanencia de las familias en el territorio.
“La falta de servicios, conectividad y propuestas educativas va de la mano con el retroceso de las comunidades rurales”, se señaló, marcando la necesidad de políticas que acompañen el arraigo y el desarrollo local.
El desafío: sostener y proyectar
El eje del planteo apunta a consolidar lo existente y proyectar a futuro, con medidas concretas que fortalezcan la producción a pequeña escala, mejoren las condiciones de vida y eviten el despoblamiento rural.
El cierre del intercambio dejó una idea clara: la agricultura familiar no es solo una práctica productiva, sino una estrategia de vida, con potencial para crecer si cuenta con el acompañamiento adecuado del Estado.