Desde la Universidad Católica de Santa Fe analizaron la Ley 27.642 y señalaron que el etiquetado modificó hábitos de consumo, aunque aún quedan aspectos pendientes de aplicación.
La implementación de la Ley 27.642 de Promoción de la Alimentación Saludable, conocida como Ley de Etiquetado Frontal, fue uno de los ejes de un proyecto de investigación desarrollado por profesionales y estudiantes de la Universidad Católica de Santa Fe.
La iniciativa busca evaluar cómo funciona la normativa después de sus primeros años de aplicación, especialmente en localidades del norte santafesino como Reconquista, Avellaneda, Romang y Malabrigo.
Según explicaron desde la universidad, el objetivo fue conocer si la población identifica y comprende los octógonos negros, si los utiliza al momento de comprar alimentos y si la información modificó sus hábitos de consumo.
Una ley que va más allá de los octógonos
La Ley 27.642 fue sancionada a fines de 2021 y comenzó a implementarse progresivamente desde 2022. Su aspecto más conocido es el etiquetado frontal que advierte sobre el exceso de azúcares, sodio, grasas y calorías, entre otros componentes.
Sin embargo, la normativa también contempla otros aspectos vinculados con la alimentación saludable, como la regulación de la publicidad dirigida a niños, los entornos escolares y las compras que realiza el Estado para comedores y establecimientos educativos.
En el caso de las escuelas, se establece que no deberían ofrecerse productos que tengan sellos de advertencia. No obstante, desde la investigación señalaron que este punto todavía presenta dificultades de implementación en Santa Fe, debido a que requiere mecanismos provinciales para garantizar su cumplimiento.
El etiquetado generó cambios en el consumo
De acuerdo con los resultados preliminares del proyecto, la población consultada en Reconquista, Avellaneda, Romang y Malabrigo valora positivamente el etiquetado frontal como política alimentaria.
Sin embargo, solo alrededor de la mitad manifestó utilizarlo efectivamente al momento de realizar sus compras.
Entre los cambios observados, algunas personas señalaron que no dejaron de consumir productos con octógonos, pero sí comenzaron a comprarlos con menor frecuencia o en menor cantidad.
Los productos que más llamaron la atención fueron aquellos que tradicionalmente eran considerados saludables, como yogures y determinadas galletitas, debido a que algunos presentan advertencias por su contenido de azúcares o grasas.
También se destacó que varias empresas reformularon determinados productos para evitar la presencia de sellos de advertencia.
Críticas a una eventual derogación
Durante la entrevista también se abordó el proyecto del Gobierno nacional para modificar o eventualmente derogar la normativa.
Desde el equipo de investigación consideraron que, en lugar de eliminar completamente la ley, sería necesario evaluar su funcionamiento y determinar qué aspectos deben mejorarse.
En ese sentido, remarcaron la importancia de continuar generando evidencia científica que permita conocer qué medidas funcionan y cuáles necesitan ajustes.
También señalaron que la alimentación no puede analizarse únicamente como una responsabilidad individual, ya que las decisiones de consumo están condicionadas por los precios, la disponibilidad de alimentos, la publicidad, los entornos familiares y escolares y las condiciones socioeconómicas.
El desafío de mejorar la alimentación en las escuelas
Uno de los puntos considerados centrales es la alimentación en los establecimientos educativos.
Desde la investigación explicaron que muchas escuelas enfrentan dificultades para ofrecer alternativas saludables debido a la falta de infraestructura, heladeras, cocinas y recursos, mientras que la industria alimentaria ofrece productos que resultan prácticos para resolver esas necesidades.
Por eso, consideraron necesario que el Estado también discuta qué alimentos compra y ofrece en los comedores escolares, especialmente cuando se trata de sectores que dependen de la asistencia alimentaria.
La especialista remarcó que las políticas públicas no deberían limitarse a combatir el hambre, sino también garantizar una alimentación de calidad.
Nutrición como una cuestión colectiva
Durante la charla también se destacó que problemas como el sobrepeso, la obesidad y las deficiencias de micronutrientes pueden coexistir y están relacionados con la calidad y variedad de la alimentación.
En ese sentido, se planteó que las políticas alimentarias deben contemplar las condiciones sociales y económicas que determinan qué alimentos están realmente al alcance de cada familia.
Desde la carrera de Nutrición de la Universidad Católica de Santa Fe también se desarrollan otros proyectos de investigación, entre ellos estudios sobre microplásticos en carnes y trabajos vinculados con mercados de cercanía y productores.
La especialista sostuvo que la formación de los futuros profesionales debe apuntar a comprender que la nutrición es un fenómeno colectivo y comunitario, además de brindarles herramientas para analizar críticamente las problemáticas alimentarias.