Un especialista explicó que el fenómeno registrado no es habitual, destacó su magnitud histórica y advirtió sobre una mayor variabilidad en las precipitaciones.
En medio de la preocupación por las intensas lluvias, el ingeniero agrónomo del INTA, Gonzalo Scarpín, aportó un análisis técnico para entender lo ocurrido y lo que podría venir.
Un evento entre los más intensos de la historia
Scarpín explicó que la lluvia registrada se ubica entre las más importantes desde que se tienen datos en la región.
“En términos históricos, esta precipitación está en el tercer lugar desde 1960 en cuanto a lluvias caídas en un solo día”, detalló.
Además, aclaró que los registros meteorológicos se miden de 9 a 9 horas, lo que puede generar diferencias con las mediciones informales que realiza la población.
Temperatura en aumento y lluvias más variables
El especialista indicó que uno de los cambios más evidentes en las últimas décadas es el incremento de la temperatura.
“Desde 1970 hasta hoy, la temperatura media aumentó 1,5 grados, y en algunos meses incluso hasta 3 grados”, señaló.
En cuanto a las precipitaciones, explicó que no necesariamente llueve más en promedio, pero sí de manera más irregular.
“Lo que vemos es una mayor variabilidad: meses sin lluvia y otros con eventos extremos que duplican o triplican los valores normales”, afirmó.
¿Cambio climático o variabilidad natural?
Escarpín sostuvo que, si bien existe debate, los datos muestran señales claras de transformación.
“Hay quienes dicen que no alcanza el período de registros para hablar de cambio climático, pero en nuestra serie de datos se observan cambios significativos”, explicó.
Lo que puede venir: un año más lluvioso
En relación al futuro cercano, mencionó que los modelos climáticos anticipan una alta probabilidad de un fenómeno de “El Niño”.
“Hay más de un 80% de probabilidades de un año más lluvioso de lo normal, aunque eso no implica necesariamente lluvias intensas concentradas como la de estos días”, aclaró.
El impacto de la urbanización
Finalmente, el ingeniero se refirió al impacto de la intervención humana sobre el ambiente.
Explicó que el crecimiento urbano, con más superficies impermeables como calles y construcciones, modifica el comportamiento del agua y agrava los efectos de lluvias intensas.
“Es difícil no alterar el ecosistema, pero se puede mitigar con prácticas responsables como plantar árboles, cuidar el suelo y mejorar la planificación”, concluyó.
El análisis aporta contexto a un fenómeno que, lejos de ser aislado, parece formar parte de una tendencia que obliga a repensar tanto la infraestructura como la relación con el ambiente.
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