Fundado en 1976 por vecinos que soñaban con una cancha propia, el Club Atlético Mandiyú celebra medio siglo de vida con más de 130 socios activos y fuerte compromiso comunitario.
El Club Atlético Mandiyú cumple 50 años y lo celebra con orgullo. Nacido en 1976 por iniciativa de vecinos del paraje rural que buscaban un espacio propio para jugar al fútbol, hoy es una institución consolidada con entre 130 y 140 socios, participación en ligas rurales y una intensa actividad social y gastronómica en la región.
“Siempre estamos colaborando y dando una mano para sostenerla y que se engrandezca”, expresó Marcelo Zechin, integrante de la comisión directiva.
“El pasado nos enorgullece, el presente nos fortalece y el futuro nos inspira. Vamos por muchos años más”, resume el mensaje que acompaña este aniversario especial.
De un sueño futbolero a una institución comunitaria
El club surgió cuando un grupo de jóvenes del paraje debía trasladarse al Club La Vertiente para poder jugar al fútbol. La necesidad de contar con un espacio propio impulsó la organización vecinal y la búsqueda de un terreno.
Con el tiempo, un predio perteneciente a una asociación escolar fue donado a la institución, lo que permitió regularizar la situación legal y comenzar a crecer formalmente. Se construyó la cancha, se levantó el bar y se consolidó un punto de encuentro que trascendió lo deportivo.
Actualmente, Mandiyú desarrolla fútbol, vóley y bochas, siendo esta última una de las primeras disciplinas que tuvo el club.
Un club chico que mueve multitudes
Más allá de lo deportivo, la institución se hizo reconocida en la región por los servicios gastronómicos que presta en grandes eventos, entre ellos el Concurso Argentino de Pesca del Surubí.
En ese tipo de actividades se movilizan alrededor de 150 personas, entre colaboradores directos e indirectos. Ese trabajo permitió fortalecer las finanzas del club y continuar con mejoras edilicias y mantenimiento.
A medio siglo de su fundación, Mandiyú no solo celebra su historia deportiva, sino también su rol como espacio de encuentro e identidad en la zona rural de Avellaneda, demostrando que el esfuerzo colectivo sigue siendo su mayor capital.
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