Desde el Ministerio de Seguridad señalaron que el hecho expuso una subcultura violenta en entornos digitales y obligó a cambiar las lógicas de investigación.
En diálogo con Vivos y Sueltos, el funcionario del Ministerio de Seguridad provincial, Rolando Galfrascoli, brindó detalles sobre el avance de la investigación por el crimen ocurrido en San Cristóbal, que reveló un escenario más complejo de lo previsto.
El caso dejó al descubierto la posible existencia de una red digital vinculada a una subcultura del odio, lo que obligó a replantear los métodos tradicionales de abordaje.
Una investigación que cambió de rumbo
En sus primeras horas, la causa se analizaba bajo hipótesis habituales: conflictos personales, bullying o situaciones emocionales. Sin embargo, el hallazgo de información en dispositivos electrónicos modificó por completo el enfoque.
“Lo que parecía un hecho aislado terminó revelando una comunidad digital donde se promovía la violencia, el odio y hasta la muerte”, explicó el funcionario.
A partir de allí, se activó un trabajo coordinado entre municipio, provincia y Nación, junto a fuerzas federales y organismos especializados, incluso con conexiones internacionales.
Una “subcultura del odio” que genera alerta
Según detalló, la investigación detectó espacios virtuales donde se fomenta el daño hacia otros y hacia uno mismo, con el objetivo de generar impacto más allá del hecho puntual.
“Buscan trascender el hecho criminal y provocar un efecto de terror colectivo”, advirtió.
En ese sentido, se analiza la posible vinculación con formas incipientes de delitos de tipo terrorista, lo que eleva la preocupación de las autoridades.
Menores involucrados y nuevas detenciones
Hasta el momento, hay al menos dos menores detenidos vinculados a la causa, uno de ellos recientemente en la zona de Nelson, en el marco de esta misma investigación.
No obstante, los investigadores aclararon que en el entorno digital es difícil determinar quién está detrás de cada perfil, por lo que no se descarta la participación de adultos.
El rol de las familias y la advertencia
Más allá de la investigación judicial, Galfrascoli hizo hincapié en la necesidad de un mayor control y acompañamiento de los adultos en el uso de tecnologías por parte de niños y adolescentes.
“No alcanza con que estén tranquilos con el celular. Hay que involucrarse, hablar, escuchar y detectar señales de alerta”, sostuvo.
Además, advirtió que muchos de estos contenidos permanecen ocultos para el entorno cercano, lo que dificulta su detección temprana.
Un caso que sacude las lógicas tradicionales
El funcionario reconoció que el caso generó un fuerte impacto en las estructuras de investigación: “Nos obligó a cambiar la forma de pensar y actuar frente a estos delitos”.
La causa continuará con nuevas audiencias y medidas judiciales, mientras se profundiza el análisis de los dispositivos secuestrados y la posible extensión de esta red.
El hecho, que conmocionó a toda la provincia, abre un debate más amplio sobre los riesgos del entorno digital y la necesidad de nuevas herramientas de prevención y control.
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