El médico nacido y criado en Villa Guillermina lleva adelante una misión de un año en la Antártida. Contó sobre su trabajo, la convivencia y las condiciones climáticas en la Base Esperanza.
Desde Villa Guillermina hasta la Antártida, el camino que recorrió el doctor César Martínez estuvo marcado por decisiones, vocación y también por el deseo de vivir una experiencia diferente. Médico clínico, actualmente integra el equipo sanitario de la Base Esperanza, donde permanece desde diciembre y tiene previsto quedarse, en principio, hasta fin de año.
En diálogo con “Vivos y Sueltos” por Radio Ideal, Martínez contó cómo llegó a desempeñarse en uno de los lugares más extremos del planeta y cómo transcurre la vida cotidiana junto a decenas de personas, familias y niños.
De Villa Guillermina a la Base Esperanza
Martínez realizó la primaria y secundaria en Villa Guillermina y luego estudió Medicina en Corrientes. Más tarde se trasladó a Buenos Aires para realizar la especialidad en clínica médica.
Durante su estadía en Buenos Aires conoció el funcionamiento de los hospitales militares y comenzó a interesarse por la posibilidad de combinar la medicina con otro tipo de experiencias.
“Me llamaba la atención salir un poco de la medicina pura”, explicó.
En 2023 inició los trámites para ingresar a las Fuerzas Armadas y en 2024 recibió la habilitación. Comenzó a trabajar en un hospital militar de Buenos Aires y posteriormente se postuló a una convocatoria para médicos destinados a la Antártida.
“Siempre hay escasez de médicos, así que al toque me dijeron que sí”, contó.
Finalmente, el 15 de diciembre llegó a territorio antártico para comenzar una misión prevista por un año.
Un médico para una comunidad de 58 personas
Argentina cuenta con siete bases permanentes en la Antártida y cada una dispone de un médico. La Base Esperanza es una de las más grandes y durante el año reúne a familias y personal de distintas áreas.
Actualmente, Martínez convive con alrededor de 58 personas, entre ellas cinco familias, cinco niños y varios adolescentes. Durante la entrevista también había personal militar chileno de visita.
Su tarea no consiste solamente en atender enfermedades. El equipo sanitario realiza controles preventivos, con pesajes y controles de presión mensuales, además del seguimiento de peso y talla de los niños.
“Uno necesita que todos estén sanos y cuando disponemos de tiempo salimos a acompañar a las otras dependencias a dar una mano”, explicó.
La base cuenta además con una psicóloga, un recurso importante para acompañar a quienes atraviesan las dificultades propias del aislamiento y la convivencia prolongada.
Nieve, hielo y temperaturas extremas
Las condiciones climáticas forman parte de la vida cotidiana. Martínez mostró durante la comunicación el paisaje cubierto de nieve y explicó que en algunos sectores puede acumularse más de un metro de nieve.
También relató que han tenido jornadas con fuertes ráfagas de viento. La máxima registrada durante su estadía llegó a unos 100 kilómetros por hora, con ráfagas de hasta 130 km/h.
En esas condiciones, el desplazamiento puede volverse peligroso y se aplican protocolos específicos. En situaciones de viento fuerte, permanecen dentro de las viviendas y, cuando deben salir, lo hacen con equipamiento especial.
También utilizan grampones, que se colocan sobre el calzado para evitar resbalones sobre superficies de hielo.
Martínez contó que llegaron a registrar temperaturas de hasta -35 °C de térmica, aunque dentro de las viviendas la situación es completamente diferente debido a la calefacción.
“Adentro de las casas es súper calefaccionado. Andás en remera”, relató entre risas.
Una rutina marcada por el trabajo y la convivencia
Las jornadas comienzan temprano con una reunión en el casino de suboficiales, donde se organizan las tareas del día.
La base cuenta con distintas dependencias, entre ellas sanidad, parque automotor, instalaciones y víveres. Cuando el área sanitaria no tiene pacientes que atender, los integrantes pueden colaborar con otras actividades.
La convivencia es uno de los grandes desafíos de la experiencia. Son decenas de personas que comparten durante meses un espacio reducido y que deben aprender a convivir con diferentes personalidades.
“Todos vamos a tener nuestros momentos de dificultad”, reconoció Martínez.
Sin embargo, aseguró que no atravesaron crisis graves y destacó la importancia de las amistades y del acompañamiento profesional para sobrellevar el aislamiento y la distancia de sus seres queridos.
Folklore, peñas y música en medio de la nieve
A pesar del aislamiento, la vida en la Base Esperanza también tiene momentos de encuentro y celebración.
Martínez llevó consigo su acordeón y además compró un teclado en Tierra del Fuego. Con otros integrantes de la base organizaron distintas peñas durante el año.
“Me gusta tocar el teclado y un poco el acordeón y hemos hecho peñas”, contó.
Ya realizaron encuentros por el 25 de Mayo y otras celebraciones. Incluso cuentan con un cocinero que también canta, un maestro que toca el bombo y un guitarrista, con quienes pudieron compartir distintas canciones y momentos de folklore.
La vuelta a casa y el reencuentro con los afectos
A medida que se acerca el final de la misión, Martínez reconoce que comienza a pensar en el regreso y, sobre todo, en reencontrarse con su familia y sus amigos.
“Necesito devolverle tiempo a la familia y a los amigos”, expresó.
Sin embargo, todavía se siente cómodo en la Antártida y su regreso dependerá, en buena medida, de conseguir un médico que pueda reemplazarlo.
Si el relevo llega para diciembre, espera poder regresar a tiempo para las fiestas. De lo contrario, podría permanecer uno, dos o hasta tres meses más en la base.
Su regreso al norte santafesino también tendrá un componente especial: volver a compartir música y encuentros con quienes lo esperan.
Una escuela y una capilla en un lugar único
Martínez también destacó algunas particularidades de la Base Esperanza. Allí funciona una escuela a la que concurren los niños que viven en la base, y mencionó que se trata de una característica que la convierte en un lugar singular dentro del continente antártico.
También mostró durante la comunicación la pequeña capilla de la base, donde este año se celebró un casamiento.
Así, entre controles médicos, reuniones, nieve, viento, trabajo, escuela, peñas y momentos de convivencia, el doctor César Martínez transita una experiencia muy lejos de su Villa Guillermina natal, pero sin dejar de mantener el vínculo con su familia, sus amigos y su tierra.
La nota completa con César Martínez: