Editorial por Sergio Raynoldi
Durante años, el kirchnerismo fue blanco de fuertes críticas. Desde distintos sectores del arco político y de la ciudadanía, se señalaban sus excesos, errores y una gestión marcada por claroscuros. Esa tensión derivó en una grieta profunda, que se transformó en odio visceral hacia todo lo que oliera a peronismo.
Y, como suele ocurrir en estos espacios vacíos, los “outsiders” llegaron para ocupar el terreno que nadie defendía con ideas claras y responsables. Así irrumpió Javier Milei, con un discurso rupturista, antisistema y un relato que prometía demoler todo lo anterior.
Un modelo económico que no cierra con la gente
A pocos meses de asumir, la macroeconomía de Milei parece funcionar para el Fondo Monetario Internacional, los inversores y el sector financiero. Pero en las calles, la economía no funciona para la gente. No hay alivio para las familias. No hay certezas para jubilados, trabajadores, profesionales ni para los sectores más vulnerables.
En medio de este panorama, una voz inesperada sacudió el escenario político: Mirtha Legrand, ícono de la televisión argentina y símbolo del establishment, se animó a decir lo impensado en su programa del domingo pasado:
“La gente está muy en contra. Está desesperada. No encuentro una sola persona que hable bien de este gobierno. Y yo apoyé muchísimo a este gobierno… pero me da rabia lo que hicieron. Quiero que vuelva Cristina”.
El regreso político de Cristina y la reacción de los mercados
Ese mismo día, Cristina Fernández de Kirchner anunció su candidatura como legisladora por la provincia de Buenos Aires, un hecho que desató un nuevo temblor político y financiero. Los medios no tardaron en titular con alarma: “El sector financiero, nervioso por el regreso de Cristina”.
¿Por qué tanto miedo? Porque el modelo que representó CFK es diametralmente opuesto al de Milei. Más allá de las causas judiciales y las sospechas de corrupción, su gestión priorizaba la justicia social por encima de los intereses del mercado.
Los costos de una política que deja a la gente afuera
Hoy tenemos un presidente que aplica exactamente lo contrario a lo que prometió combatir. Se rodea de los mismos actores del poder financiero que antes criticaba —Caputo, Sturzenegger y otros— mientras vende el país a intereses extranjeros como los de Donald Trump o Elon Musk.
Y mientras tanto, el pueblo está de rodillas: profesionales que, a pesar de su esfuerzo, no llegan a fin de mes; jubilados que dependen de un Congreso para un aumento miserable del 7,2%; niños con discapacidad sin recursos; y presidentes que se burlan de chicos autistas.
¿Hasta dónde llegamos? ¿Cuándo dejamos de ser una nación con empatía y nos convertimos en esto?
La democracia herida y el rol de la ciudadanía
La responsabilidad es compartida. Por un lado, el kirchnerismo, con sus errores propios y por no haber permitido que la justicia actuara cuando debía. Por otro, la derecha, con su frialdad tecnocrática y su desprecio por el pueblo. Y nosotros, como sociedad, también tenemos que hacernos cargo.
No se puede seguir votando desde la bronca, sin información ni conciencia. Hace décadas que se repite: leer, informarse y ser responsables. Pero no aprendemos. Ni siquiera los animales tropiezan dos veces con la misma piedra, y nosotros, los argentinos, pareciera que hemos convertido ese tropiezo en una habilidad.
Es tiempo de reflexión, de diálogo profundo y, sobre todo, de unidad para construir un país donde la política vuelva a ser sinónimo de esperanza, y no de división