El último informe del Observatorio de la Deuda Social de la UCA muestra una baja interanual significativa, aunque advierte que más de un cuarto de la población sigue atrapada en la pobreza estructural.
La tasa de pobreza en la Argentina se ubicó en 36,3% al cierre del tercer trimestre y la indigencia en 6,8%, según el nuevo informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA). La pobreza cayó 9,3 puntos respecto del mismo período de 2024 y 8,4 puntos frente al tercer trimestre de 2023, previo a la asunción de Javier Milei, de acuerdo con la metodología del organismo académico.
El estudio analiza privaciones monetarias —pobreza e indigencia por ingresos— y otros indicadores como estrés económico e inseguridad alimentaria, utilizando datos de la Encuesta de la Deuda Social Argentina y series empalmadas con la EPH-INDEC.
Qué mide la pobreza y cómo se define
El informe recuerda que un hogar se considera pobre cuando sus ingresos no alcanzan a cubrir el valor de la Canasta Básica Total (CBT), mientras que la indigencia se determina por la imposibilidad de adquirir la Canasta Básica Alimentaria (CBA). Estas definiciones permiten medir de manera homogénea la evolución del bienestar económico a lo largo del tiempo.
La pobreza crónica, el núcleo más duro
A pesar de la mejora coyuntural, la pobreza estructural continúa siendo elevada. El documento señala que la población crónicamente pobre —aquella que estuvo en situación de pobreza por ingresos en 2024 y 2025— representa el 27,6% del total.
En los estratos más vulnerables, la situación es aún más grave: en el nivel Muy Bajo, la cronicidad alcanza el 60,9%.
La UCA advierte que, si bien los indicadores recientes retrocedieron a niveles similares a los de 2022/2023, el núcleo duro de pobreza no ha cambiado. La recuperación responde en parte a la estabilización inflacionaria y al refuerzo de transferencias sociales, pero no implica un avance estructural en las condiciones de vida ni en la desigualdad persistente.