El técnico de Incupo, Sergio Parra, trabaja en Añatuya, Santiago del Estero, y destaca cómo las comunidades campesinas resisten con saberes propios, genética criolla y una nueva mirada rural.
En diálogo con Vivos y Sueltos, Sergio Parra, técnico de Incupo en Añatuya, Santiago del Estero, describió un panorama donde la crisis climática, económica y social se entrelazan de forma alarmante, golpeando especialmente a los agricultores familiares y pueblos originarios del norte argentino.
“Parece que todo se puso de acuerdo para que los sectores más vulnerables la pasen peor”, advirtió. Y explicó que las altas temperaturas inusuales, las sequías extremas y las inundaciones repentinas son parte de un nuevo patrón climático global que afecta profundamente la producción rural.
Una nueva ruralidad que resiste
Pese al contexto adverso, Parra destacó un elemento profundamente esperanzador: la participación activa de los jóvenes rurales. “Ellos mismos lo dicen: nosotros somos los que guardamos la identidad campesina, pero no queremos ser vistos como los campesinos de antes”, expresó.
Desde las escuelas EFA (Escuela de la Familia Agrícola), hasta colectivos como ATR Ruralidad, los jóvenes están redefiniendo su rol en el campo y las ciudades rurales. “La clave está en mantener las raíces, pero con mirada de futuro”, señaló.
Genética criolla y saberes locales
Otra herramienta vital que sostiene a las comunidades es el uso de genética animal y vegetal criolla. “El criollo es el que resiste: el maíz criollo, la cabra criolla, la vaca criolla, que no necesita tantos medicamentos y aguanta la sequía”, dijo.
En Añatuya, por ejemplo, la escuela EFA Avellaneda lleva ocho años promoviendo la cría y selección de cabras criollas como estrategia de adaptación al cambio climático.
Parra también subrayó la importancia de articular los saberes tradicionales con la formación técnica: “Los profesionales tenemos que sentarnos con humildad con las familias. Ellos tienen conocimientos que nosotros no aprendimos en la universidad”.
Transiciones agroecológicas, no intervenciones rápidas
En lugar de soluciones instantáneas, desde Incupo impulsan transiciones agroecológicas con enfoque social, ambiental y cultural. “No podés ser un productor convencional hoy y agroecológico mañana. Es un camino que lleva tiempo y acompañamiento”, explicó.
Estas transiciones apuntan a producir alimentos más sanos, gastar menos, contaminar menos y enfermarse menos. “Hoy los sistemas priorizan la ganancia, aunque sea a costa de la salud de tus hijos o del ambiente”, denunció.
La felicidad del joven rural, clave del arraigo
Cerrando la charla, Parra dejó un mensaje claro: “Si el joven está contento en su lugar, se va a quedar. Y eso es clave para construir una Argentina desde abajo, con dignidad y futuro”.