Un informe de la UCA reveló que la pobreza infantil bajó al 42,5% en 2026, aunque persisten fuertes desigualdades económicas y sociales en distintos sectores del país.
Las dificultades económicas continúan afectando con fuerza a las infancias en Argentina. Un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA) reveló que el 37,5% de los niños y adolescentes tuvo dificultades económicas para comprar vestimenta durante el último año.
El estudio señala que, si bien la pobreza infantil registró una reducción respecto de 2024, todavía alcanza al 42,5% de los niños y adolescentes, mientras que la indigencia se ubica actualmente en el 9,5%.
Persisten múltiples privaciones
Las dificultades no se limitan a los ingresos o al acceso a alimentos. Según el informe, el 36,8% de los chicos presentó problemas relacionados con el aprendizaje escolar, mientras que el 27,3% tuvo dificultades para hacer amigos y el 18,1% atravesó situaciones de malestar emocional.
La pobreza infantil había alcanzado un máximo del 70,4% en 2024, antes de descender hasta el nivel registrado actualmente.
Una fuerte desigualdad según el nivel socioeconómico
El acceso a ropa y calzado evidencia una marcada brecha. La dificultad alcanza al 58,3% de los niños y adolescentes pertenecientes al nivel socioeconómico muy bajo, mientras que se reduce al 17,8% entre quienes integran el segmento medio alto.
El ODSA también advierte que los hogares con niños y adolescentes presentan sistemáticamente mayores niveles de pobreza que aquellos sin menores, fenómeno que define como “infantilización de la pobreza”.
El impacto de las transferencias sociales
La Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar tuvieron un papel relevante en la mejora de los indicadores. De acuerdo con el estudio, ambas herramientas explicaron más del 90% de la reducción estimada de la pobreza infantil y entre el 97% y el 98% de la caída de la indigencia.
Sin estas transferencias, la UCA estima que la indigencia infantil subiría del 9,5% al 16,4%, mientras que la pobreza pasaría del 42,5% al 47,8%.
Una recuperación que todavía es frágil
Pese a la mejora de los indicadores, el Observatorio advierte que la situación continúa siendo vulnerable. Según el informe, quienes permanecen bajo la línea de pobreza no están necesariamente más cerca de superar esa condición que durante los períodos más críticos.
Entre los factores que profundizan las desigualdades aparecen la calidad del empleo de los adultos responsables, los hogares monomarentales y la región del país en la que viven los niños y adolescentes.