Sin bosques y obviamente inundada
La provincia pierde más de 20 mil hectáreas por año de bosques nativos, en los últimos 80 años se perdió el 82% de bosques milenarios. Más allá de la falta de obras e infraestructuras, se explica ahora el porqué de tantos cambios climáticos.
Con las inundaciones azotando a gran parte del norte provincial, la deforestación y sus devastadores efectos son elementos que aun, sabiendo sus consecuencias nadie habla.. El último estudio realizado por la UNR marca que la tasa anual de superficie de bosque que se pierde en Santa Fe equivale a 19.574 hectáreas, un área más grande que toda la ciudad de Rosario
Con la mayor parte de la cuña «Boscosa» inundada pero las intensas lluvias, el agua avanza y no da tregua en muchas localidades santafesinas. La imprevisibilidad de la naturaleza no ayuda. Tampoco la mano del hombre. Y menos aún un modelo productivo que desde hace años atenta contra las propiedades de la tierra.
“El tan mencionado «San Pedro» esta vez es inocente. Hay que poner el énfasis en la sojización y la deforestación”, explican académicos y especialistas. La Universidad Nacional de Rosario (UNR) logró cuantificar la superficie de bosque que se destruyó en Santa Fe en un período 32 años. La cifra estremece: se perdieron 385.857 hectáreas. Y podriamos afirmar que si miramos un poco mas atrás, Santa Fe perdio en sólo 80 años, el 82 por ciento de sus bosques nativos, un proceso feroz originado en la expansión sin control de la frontera agropecuaria en una de las zonas con tierras más ricas del país. El fuerte desequilibrio ecosistémico que generó semejante mutilación del capital natural de la región se expresa hoy en inundaciones inéditas y erosión de los suelos, según interpretó Carlos Chiarulli, subdirector provincial de Recursos Naturales.
Desde los movimientos sindicales de los productores agropecuarios, inlcusos de empresarios como CORENOSA, nada se dice de esta cuestion, se la ignora totalmente. Solo se reclaman obras que ni siquiera estipulan un plan a largo plazo para recuperar las tierras fertiles de otrora, o de un plan de manejo sustentable del agua. Parece ser que ante semejante desastre natural, y no lo digo por las lluvias…. la miseria más terrible sale a relucir en el «salvese quien pueda».
Del relevamiento se desprende que la superficie de bosque de Cuña Boscosa santafesina se redujo de 790.529 a 404.672 hectáreas entre 1976 y 2008, alcanzando entre 2005 y 2008 una tasa de deforestación anual de 19.574 hectáreas; es decir, una superficie mayor a la ciudad de Rosario, de 17.800 hectáreas.
La crisis hídrica pone en el tapete la deforestación de bosques nativos
La zona de análisis abarca los departamentos San Javier, San Justo, San Cristóbal, Vera y General Obligado. José Vesprini, Claudia Alzugaray e Ignacio Barberis, autores del trabajo, explican que la deforestación no consiste solamente en eliminar árboles. El proceso incluye además “la eliminación de todos los organismos que crecen dentro del bosque y así muchas de las interacciones que existen entre ellos”.
«Los bosques son ecosistemas complejos donde gran parte del alto número de los seres vivos que en ellos habitan interactúan. La eliminación de cualquiera de ellos afecta el modo en el que circula la materia o fluye la energía dentro de los ecosistemas», detallan.
El informe da cuenta de que en la provincia de Santa Fe los ecosistemas de bosque –que son muy distintos a los ecosistemas agrícolas– albergan una gran diversidad de especies vegetales, animales, hongos, bacterias y otros organismos pequeños.
La transformación de estos bosques en pastizales o cultivos genera que el agua no sea retenida por los ecosistemas. «El agua no retenida escurre cuenca abajo encontrando en muchos casos a las ciudades donde la población humana se halla muy concentrada», sostienen los investigadores.
La conclusión a la que llegaron es que estas “modificaciones” tienen efectos irreversibles. «Los Estados imponemos en los ecosistemas las actividades necesarias para mantener vigente nuestro modelo económico. Los ecosistemas responden frecuentemente con una plasticidad que resulta sorprendente. Pero hay situaciones en la historia donde los ecosistemas no pueden responder a las modificaciones impuestas del modo en que lo deseamos. Es que algunas de las leyes que rigen la naturaleza son inexorables».

