Enrique Merhing contó cómo nació el proyecto familiar de fabricación de muebles artesanales que también llegó a la Basílica de Luján, al Cotolengo Don Orione y a la cárcel de Devoto.
Un trabajo que comenzó con un pedido especial terminó convirtiéndose en una experiencia muy significativa para una fábrica familiar de Esperanza. El carpintero Enrique Merhing fue uno de los protagonistas de la fabricación de los sillones y sillas que estarán vinculados a la visita del Papa, prevista para el 8 de noviembre.
En diálogo con “Vivos y Sueltos” por Radio Ideal, Merhing relató cómo surgió el encargo y cómo, a partir de aquel primer contacto, llegaron nuevos pedidos desde distintas instituciones de Buenos Aires.
Un primer pedido vinculado a la Basílica de Luján
Según contó el carpintero, el proyecto comenzó varias semanas atrás, cuando recibió un pedido de personas de Buenos Aires que buscaban realizarle un presente al Papa. La idea inicial era fabricar un sillón para llevar a Luján.
Merhing explicó que llegó a construir la estructura del mueble, pero luego la organización modificó sus planes y decidió trasladarlo sin terminar. La decisión fue respetada por el taller, aunque aquella experiencia terminó abriendo otras oportunidades.
“Era un sillón grandísimo, tenía un metro y veinte de alto, entre 60 y 70 centímetros de profundidad y 60 de ancho. Era una cosa bastante imponente”, recordó.
El Cotolengo Don Orione encargó un sillón y dos sillas
A partir de aquel primer trabajo, la gente del Cotolengo Don Orione, de Buenos Aires, se contactó con la fábrica y solicitó la elaboración de un sillón y dos sillas, ya lustrados y tapizados, con tachas y detalles dorados, pero sin elementos demasiado extravagantes.
El equipo realizó los muebles desde cero y también se encargó de reparar un confesionario, un elemento utilizado en las iglesias para arrodillarse y rezar.
El sillón y las sillas fueron terminados íntegramente en la fábrica, desde la estructura hasta el lustre y el tapizado.
Los detalles de fabricación y los materiales
Para estos trabajos utilizaron guatambú, una madera nativa de Misiones que Merhing describió como noble, semidura y resistente. También destacó que es una madera blanca que permite trabajarla, pulirla y darle distintos tonos.
En cuanto al tapizado, se eligió pana blanca, acompañada por tachas doradas envejecidas, de terminación opaca, y detalles en un tono nogal oscuro.
El objetivo fue lograr un diseño sencillo y elegante, de acuerdo con las características solicitadas por la institución.
También recibieron un pedido desde la cárcel de Devoto
La repercusión del trabajo llegó hasta la cárcel de Devoto, desde donde se comunicaron con la fábrica luego de conocer los muebles realizados para el Cotolengo.
Según relató Merhing, desde la institución les solicitaron otro sillón porque también estaba prevista la visita del Papa. El taller aceptó el encargo y fabricó una pieza sencilla, con pana blanca y tachas doradas envejecidas.
El carpintero explicó que estos pedidos fueron una sorpresa para todos y que, una vez finalizados, no asumieron nuevos compromisos de este tipo.
Una fábrica familiar con 73 años de historia
Merhing también destacó la trayectoria del emprendimiento familiar, que el 18 de noviembre cumplirá 73 años.
La fábrica fue sostenida a lo largo del tiempo por la familia y actualmente cuenta con la participación de varios de los hermanos. El trabajo de los muebles destinados a estas instituciones representó una experiencia especial para quienes forman parte del proyecto.
Sobre el destino de las piezas, explicó que el sillón y las sillas del Cotolengo quedarían como recuerdo en la institución, mientras que el mueble realizado para la cárcel de Devoto sería destinado a su capilla.
Para Merhing, haber participado de un proyecto de estas características representa un hecho muy importante, no solamente para la fábrica, sino también para Esperanza, por la trascendencia que adquirió el trabajo realizado.
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