Un nuevo informe sobre los femicidios en Argentina contabilizó que en el 2018 hubo 225 casos a nivel nacional. Determinándose en el país una mujer es asesinada cada 32 horas. ¿Hasta cuándo el femicidio va a dejar de ser natural? ¿Porqué cuesta tanto respetar la mujer?
Agustina Salió a bailar como cualquier chica a esa edad sale a divertirse, como lo hicimos muchas, la diferencia que ella jamás volvió.
Se divulgaron tantas cosas, la única cierta es que apareció sin vida, golpeada en un campo, en una cuneta dentro de una bolsa con hojas, cerca de la casa de su asesino, ese asesino que no tuvo el valor de enfrentar la realidad y se ahorcó.
Y una sociedad que solo acompaña negativamente. “¿Qué hacía sola por las calles a esa hora? ¿Porque los padres la dejan salir vestida así? La hubieran educado bien para que no se vaya con un tipo 20 años mayor que ella. Yo no sé por qué las mujeres se desesperan para salir al boliche sabiendo que la noche esta jodida. Vuelve en un par de día con mucho hierro. Antes de publicar busquen en los telos. Con esa carita de golosa dudo que vuelva enseguida. Está en la casa de un amigote pasándola bien”.
¿De quién es la culpa? ¿A quién se quiere culpar? No se trata de la hora que vuelve, como estaba vestida o que hacía, se trata que ella es una persona, si una mujer hermosa, pero es una persona.
Y entre tanto murmullo de la sociedad y una familia desesperada. Agostina vivió una madrugada oscura llena de miedos, de incertidumbre donde la felicidad se apagaba y comenzaba esa pequeña esperanza de querer escapar. Y pensar en todas las personas que quiere y saber que no va a volver, que la vida se apaga, sintiendo el dolor de una violación, de un femicidio que quita poco a poco la respiración, el corazón comienza a latir con menos fuerzas y comienza a sentir que se va yendo de esta vida, dejando todo lo que le hacia bien, la familia, los amigos, el novio, LA VIDA.
Esa vida que al asesino poco le importó, esa vida que para uno lo es todo, él la fue haciendo horrible y la fue matando, como si no valiera nada, como si fuera un pedazo de carne que se desecha, que se tira en una bolsa y que nadie lo va a buscar. Esa sociedad que sin conocerla la juzga, porque salió a bailar con amigos, porque se puso pollera, porque quizás tomo, porque bailo, porque hablo con chicos, porque al salir fue a dormir con otro, buscando acostarme. Porque juzgan sin saber cómo era, si era fiel, si era una persona que le gustaba salir a divertirse sanamente con amigos, si era una persona que le gustaba cantar, bailar y disfrutar de las pequeñas cosas que la vida le dió. Y que esa madrugada ese asesino se la quitó sin pensarlo, sin dolerle, sin sentirlo, sin dolor. Simplemente una más del montón que se va por un hombre que no sabe valorar, que no sabe cuidar, que simplemente no sabe ver a una mujer como una persona que también tiene vida, sentimientos, emociones, sueños, proyectos. Una persona que no supo pensar con su cabeza, ni sentir con su corazón, una persona que no supo ver en ella ni a su mama, ni su a tía. Simplemente la ahorcó para sacarla del camino o quizás porque no supo complacerlo, una persona que no supo pensar más que en su miembro.
El feminicidio es una clara manifestación del poder y del control patriarcal sobre la vida de las mujeres, su libertad, su dignidad y su sexualidad. También lo es el asesinato de mujeres lesbianas, bisexuales o en ejercicio de la prostitución, quienes subvierten la heterosexualidad y los roles culturalmente impuesto para las mujeres.
La mujer es una víctima potencial por el hecho de ser mujer, pero si además es pobre, no blanca, de ambientes marginales, entonces vivirá una segunda muerte: la de la impunidad y el olvido
El análisis refleja que en el 89% de los hechos los femicidas eran varones con quienes las víctimas tenían un vínculo, lazo familiar o conocimiento previo. Casi en el 40% de los casos eran sus parejas y ex parejas. Del total se registraron 21 femicidios sin vínculo aparente y se registraron además 4 femicidios estatales, término utilizado para mujeres que murieron a causa de abortos clandestinos. Y los victimarios no son cualquier hombre. En general, son su pareja, expareja, exnovio, un amigo, un conocido o un familiar. Y comienza siempre con un regaño, continúa con amenazas, azotes, bofetadas, prohibición de salir y controles permanentes, prohibición de decir lo que se piensa y lo que se siente, humillaciones públicas, abusos sexuales permanentes y amenazas de muerte que finalmente se cumplen.
“Muchos hombres no han podido asimilar los aportes de la revolución de las mujeres”
Un solo feminicidio ya es demasiado. Diez, una exageración; 100, un imposible. Pero son más de 200 al año, muchos más. Mujeres que mueren asesinadas por los golpes de un hombre, los golpes, las balas de revólver, ahorcó, maltrato, las violaciones con empalamientos y torturas que llevan a la muerte, etc.
La gente no toma conciencia hasta que le toca de cerca. Impotencia, tristeza, miedo y odio así nos sentimos las mujeres argentinas. Queremos vivir, ser libres. Andar sin miedos, salir a divertirnos y poder volver a casa. Simplemente pedimos vivir.
