El recuerdo de la catástrofe del 29 de abril de 2003 vuelve a conmover con relatos en primera persona sobre el avance del agua, el miedo y la reconstrucción.
Desde el estudio de “Vivos y Sueltos”, dialogamos con el doctor Alejandro Rodríguez, quien vivió en carne propia la inundación que golpeó a la ciudad de Santa Fe y dejó una huella imborrable en miles de familias.
A 23 años de aquel 29 de abril de 2003, su testimonio permite reconstruir, desde lo humano, una de las tragedias más impactantes de la historia reciente de la provincia. “Nadie imaginaba que el agua iba a llegar a ese nivel”, recordó.
El avance del agua y la desesperación
Rodríguez relató que, tras una jornada laboral habitual, fue convocado como radioaficionado para colaborar en tareas solidarias, especialmente en el Hospital de Niños, donde intentaban contener el ingreso del agua.
Sin embargo, la situación empeoró rápidamente. Al regresar a su vivienda, ubicada en cercanías de barrio Santa Rosa de Lima, ya tenía más de 30 centímetros de agua, que en pocas horas se transformaron en una inundación total.
“Cuando volví ya no podía entrar. El agua me llegaba a la cintura y después terminó superando los dos metros dentro de la casa”, contó.
Una noche sobre el techo, sin luz y con miedo
El relato se vuelve aún más crudo al describir cómo pasó la noche. Sin energía eléctrica, bajo la lluvia y con temperaturas bajas, debió refugiarse en la terraza junto a sus mascotas.
“Escuchábamos gritos de gente pidiendo ayuda. Fue lo más desesperante”, recordó. La segunda noche, además, estuvo marcada por disparos y temor a robos, en medio del caos generalizado.
Solidaridad en medio del desastre
Como radioaficionado, Rodríguez también cumplió un rol clave en la comunicación. Ante la caída total de los sistemas, logró establecer contacto con personas fuera de la ciudad, incluso permitiendo que familiares en el exterior supieran si sus seres queridos estaban a salvo.
“Había gente en otros países que quería saber si sus familiares estaban vivos. Pudimos conectarlos por radio”, explicó.
Pérdidas totales y secuelas emocionales
Las consecuencias materiales fueron devastadoras: electrodomésticos destruidos, documentos perdidos, recuerdos familiares arruinados. Pero el impacto emocional fue aún más profundo.
“Durante años no podía dormir cuando llovía fuerte. Es algo que no se supera fácilmente”, confesó.
Una historia que vuelve a contarse
Rodríguez participará de un programa especial que se emitirá el 1° de mayo a las 18 horas, donde junto a otros protagonistas revivirán lo ocurrido durante los 34 días de emergencia que siguieron a la inundación.
La catástrofe dejó una marca imborrable en Santa Fe. A más de dos décadas, los testimonios siguen siendo fundamentales para mantener viva la memoria y comprender la magnitud de lo ocurrido.
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