La probabilidad de un Niño muy fuerte subió al 75% entre octubre y diciembre. Para el norte santafesino se prevén lluvias superiores a lo normal y mayor riesgo de tormentas.
El fenómeno El Niño continúa fortaleciéndose y comienza a configurar un escenario climático de particular importancia para la campaña agropecuaria 2026/27. La actualización del CPC de NOAA del 10 de septiembre mantuvo el estado de El Niño Advisory y elevó del 69% al 75% la probabilidad de que el índice RONI alcance o supere los +2,5 °C entre octubre y diciembre.
Los indicadores registrados durante agosto muestran un océano Pacífico ecuatorial fuertemente calentado, acompañado por cambios en la circulación atmosférica que confirman que el fenómeno ya se encuentra acoplado entre océano y atmósfera.
Sin embargo, la intensidad del fenómeno no implica necesariamente que todos sus efectos sean extremos en cada región. En Argentina también influyen el comportamiento del Atlántico, la circulación atmosférica, el ingreso de humedad y la ubicación de los sistemas frontales.
Una señal favorable para el norte del Litoral
Para el período septiembre-noviembre, el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) prevé mayores probabilidades de precipitaciones superiores a las normales en el norte del Litoral, además de sectores del oeste de Cuyo, La Pampa y el sudoeste bonaerense.
En el centro-oeste de Chaco y Formosa, así como en el este de Salta y Santiago del Estero, el escenario se mantiene dentro de la categoría normal, mientras que para el NOA se contempla una situación entre normal e inferior a la normal.
Para Reconquista, Avellaneda y buena parte del norte santafesino, la señal húmeda representa una perspectiva favorable para la campaña, aunque también obliga a prestar atención a la posibilidad de excesos de agua, anegamientos, tormentas severas y dificultades de transitabilidad.
La región llega con reservas desparejas
El escenario climático debe analizarse teniendo en cuenta la situación de partida. Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario señaló que alrededor del 70% de la región núcleo se encontraba entre condiciones de escasez y sequía al 10 de septiembre.
El oeste de esa región necesitaba lluvias para avanzar con la implantación del maíz temprano, mientras que el trigo requería una precipitación generalizada antes del 20 de septiembre para sostener su potencial.
Esto significa que una perspectiva estacional húmeda no necesariamente resuelve de inmediato los déficits actuales. Una lluvia puntual puede ser muy beneficiosa para un lote con falta de humedad, mientras que una sucesión de eventos intensos puede generar problemas en sectores que ya cuentan con buenas reservas.
El verano podría mantener una señal húmeda
Los modelos estacionales para diciembre-febrero mantienen una señal de mayor humedad sobre el sudeste de Sudamérica, incluyendo sectores de Argentina, Uruguay, Paraguay y el sur de Brasil.
En paralelo, los modelos muestran una señal más seca sobre el centro y norte de Brasil.
Para la agricultura argentina, este escenario podría resultar favorable si las precipitaciones se distribuyen de manera adecuada durante los períodos críticos de los cultivos. Sin embargo, una excesiva concentración de lluvias también puede provocar anegamientos, enfermedades, menor radiación solar, pérdida de nutrientes y problemas durante la cosecha.
Qué puede pasar con los principales cultivos
El escenario presenta oportunidades y riesgos diferentes según cada producción.
En trigo, una primavera con mayor disponibilidad de agua puede favorecer el llenado, aunque también aumenta la necesidad de monitorear enfermedades y posibles pérdidas de nitrógeno.
Para el maíz, la disponibilidad de humedad durante las etapas críticas podría elevar el potencial de rendimiento. La recomendación es mantener flexibilidad entre fechas de siembra y ambientes, especialmente en lotes con diferentes capacidades de drenaje.
La soja también podría beneficiarse de una mayor disponibilidad de agua durante floración y llenado, aunque los excesos y la elevada humedad pueden aumentar la presión de enfermedades.
En el girasol y algodón, la distribución de las precipitaciones será determinante, especialmente en ambientes con problemas de drenaje.
El Niño no significa que lloverá todo el tiempo
Uno de los principales puntos del informe es la necesidad de evitar una interpretación lineal del fenómeno.
Un escenario trimestral húmedo puede contener varias semanas secas y luego precipitaciones muy intensas. Por eso, para la toma de decisiones productivas resulta más importante combinar las perspectivas estacionales con el seguimiento semanal del agua útil, los pronósticos de corto plazo y el estado de cada cultivo.
También deberán contemplarse los efectos sobre caminos rurales, accesos, almacenamiento, transporte y logística, especialmente si las lluvias se concentran en el este del país.
El desafío será aprovechar la oportunidad y controlar los excesos
La campaña 2026/27 parte de un escenario climático que, en términos generales, puede resultar favorable para la producción argentina, particularmente si se confirma la señal húmeda durante el verano.
Pero el mismo fenómeno que puede mejorar las reservas y los rindes también puede generar mayores riesgos productivos y logísticos.
Por eso, las recomendaciones apuntan a escalonar fechas de siembra, diversificar ambientes, monitorear enfermedades, mantener los sistemas de drenaje en condiciones y actualizar permanentemente los pronósticos.
Para el norte santafesino, la perspectiva es especialmente relevante: el escenario de lluvias superiores a las normales puede representar una oportunidad para la campaña, aunque será clave que el agua llegue en cantidad y momento adecuados, evitando que una mejora en las reservas termine transformándose en un problema por exceso.