Horacio Sartor repasó sus comienzos, los negocios que marcaron su trayectoria y la transformación de Sartor Inmobiliaria junto a sus hijos durante los últimos años.
Hace 44 años, cuando todavía no imaginaba el camino que iba a recorrer, Horacio Sartor comenzaba una historia empresarial que con el tiempo lo llevaría a convertirse en una de las figuras vinculadas al desarrollo inmobiliario de Avellaneda.
En una charla en Radio Ideal, recordó sus primeros pasos, las dificultades que atravesó, los negocios que marcaron su carrera y la llegada de sus hijos a la empresa familiar.
De los mosaicos a la cerámica
Sartor terminó el secundario con la idea de estudiar Arquitectura en Resistencia, pero una situación familiar cambió sus planes. Tras el fallecimiento de su hermana, su padre le pidió que se quedara a trabajar durante ese año.
Así comenzó en una fábrica de mosaicos, donde fabricaba y pulía mosaicos, calcáreos y granitos. Entre sus primeros trabajos estuvo la colocación de 114 metros para la empresa Colven, que luego trasladó sus instalaciones al predio donde funciona actualmente.
Aquella obra también estuvo marcada por las dificultades. La máquina que había comprado para pulir los mosaicos no estaba disponible y tuvo que conseguir ayuda para trasladarla desde Serodino.
“Yo estaba fundido”, recordó Sartor al hablar de aquel momento.
Cuando parecía que el trabajo podía quedar inconcluso, recibió una ayuda inesperada. Desde el directorio de Colven le enviaron un cheque de $1.000, una suma importante para aquella época, como reconocimiento al esfuerzo realizado.
“Me salvaron las papas”, recordó, agradeciendo todavía hoy a la empresa.
Después vendió la fábrica y comenzó con la comercialización de cerámicas, mosaicos y granitos desde un espacio ubicado en la casa de sus padres.
Fue allí donde recibió un consejo que terminaría cambiando su vida profesional.
El nacimiento de Sartor Inmobiliaria
Un maestro mayor de obras que trabajaba en la Municipalidad le sugirió que tenía condiciones para dedicarse al negocio inmobiliario.
Sartor comenzó a incursionar en el rubro alrededor de 1982, inicialmente de manera paralela a su actividad comercial. Con el acompañamiento de Héctor Luis Urbani, concretó sus primeras operaciones de compraventa.
La inmobiliaria comenzó a crecer y finalmente abrió una oficina para atender al público.
Sartor recuerda especialmente una decisión que se convirtió en una regla de trabajo: mantener siempre la transparencia en las operaciones.
“Siempre nos ajustamos al 3%”, explicó, en referencia a la comisión correspondiente a cada parte.
Para él, la confianza construida con los clientes fue una de las claves para sostener la empresa durante décadas.
El negocio que marcó un antes y un después
El gran salto de la inmobiliaria llegó entre 1996 y 1998, cuando recibió un llamado del directorio de Vicentín para comercializar más de 90 propiedades.
La operación significó un punto de inflexión para la empresa.
Las propiedades estaban distribuidas principalmente en Avellaneda, aunque también había inmuebles en Reconquista, Malabrigo, Colonia Durán y Villa Ocampo, además de plantas de silos y otros terrenos.
Entre esos inmuebles se encontraba un terreno donde actualmente funciona la terminal de ómnibus de Villa Ocampo.
Pero la actividad de Sartor no se limitó a la compraventa. También participó en distintos desarrollos urbanos que acompañaron el crecimiento de Avellaneda.
Uno de ellos fue Aire y Sol, un loteo que en su momento parecía estar demasiado alejado del núcleo urbano.
“Era realmente insólito”, recordó, al contar que algunos consideraban que allí terminaba la ciudad.
Con el tiempo, el crecimiento de Avellaneda demostró lo contrario.
También recordó el desarrollo del barrio Libertad, la participación en otros loteos y el trabajo realizado junto a distintos propietarios e instituciones.
“El desarrollo de la ciudad”
Sartor destacó especialmente el acompañamiento que encontró en distintos momentos por parte de autoridades y personas vinculadas al crecimiento de Avellaneda.
Recordó, entre otros, al exintendente Delqui Scarpín, a quien definió como alguien que tenía una fuerte intención de promover el crecimiento de la ciudad.
“Quería que la ciudad crezca”, señaló.
También mencionó el desarrollo de nuevos sectores urbanos y la incorporación de terrenos que en su momento parecían difíciles de comercializar.
Uno de los proyectos que ahora se encuentra en proceso de aprobación es una nueva etapa de Aire y Sol, hacia el oeste, entre la calle 302 y el sector ya desarrollado.
El empresario explicó que un loteo implica importantes inversiones en infraestructura, como energía, agua, apertura de calles, arbolado e impacto hídrico y ambiental.
Una empresa que pasó a manos de sus hijos
Con el paso de los años, la inmobiliaria se transformó también en una empresa familiar.
Sartor destacó el trabajo de sus hijos Ramiro, Franco y Alfonso, quienes fueron incorporándose progresivamente a la actividad.
Incluso recordó una anécdota de cuando Franco tenía apenas 9 años. En aquella oportunidad, acompañó a un cliente que estaba interesado en comprar una quinta y, según contó Sartor, el propio niño terminó explicándole las características del lugar.
“Me gustó la forma que este chico me la vendió”, habría dicho el comprador.
Con el tiempo, Ramiro y Franco se incorporaron formalmente al negocio. Franco terminó asumiendo la presidencia de la sociedad, mientras que Alfonso se sumó especialmente al área vinculada con el campo.
Sartor reconoció que sus hijos no solamente continuaron el camino iniciado por él, sino que también lograron potenciar la empresa.
“Me han superado, lo han potenciado y es un orgullo para mí”, expresó.
Nuevos proyectos y otra generación al frente
La empresa también comenzó a participar en proyectos inmobiliarios de mayor escala, incluyendo desarrollos edilicios en colaboración con otras firmas.
Sartor destacó especialmente el acompañamiento de Guillermo Yapur en uno de esos emprendimientos, que incluyó un edificio de siete pisos en Paraguay.
Según contó, en ese proyecto su participación fue principalmente acompañar, analizar algunos números y observar el proceso, mientras que sus hijos llevaron adelante buena parte del desarrollo.
Después de más de cuatro décadas, Sartor mira su recorrido desde una perspectiva marcada por la familia, el trabajo y la confianza.
De aquella primera fábrica de mosaicos y los momentos en los que parecía difícil continuar, llegó una empresa inmobiliaria que hoy está conducida por una nueva generación y que continúa participando de distintos proyectos vinculados al crecimiento urbano de Avellaneda.