Un informe revela que la mayoría prioriza el bienestar y la flexibilidad por sobre el crecimiento jerárquico, en un contexto de desmotivación y cambios culturales en el trabajo.
El cumplimiento pasivo de tareas esconde una realidad cada vez más extendida: el 83% de los empleados jóvenes experimenta o experimentó desmotivación o aburrimiento en su trabajo.
Lejos de tratarse de falta de capacidad, especialistas advierten que responde a un estado de “piloto automático”, donde la desconexión impacta en la productividad y la innovación.
Menos interés en ascender y asumir responsabilidades
Según datos relevados por InfoJobs, seis de cada diez trabajadores dejaron de aspirar a un ascenso, mientras que:
- El 19% no quiere asumir más responsabilidades
- El 38% no tiene interés en promocionar ni en el reconocimiento
Para la especialista en recursos humanos Mónica Pérez Callejo, esto responde a una cuestión económica: “El aumento salarial que acompaña la promoción no cubre las expectativas”.
Salarios que no compensan el esfuerzo
De acuerdo con los análisis, los incrementos salariales han sido más significativos en los niveles más bajos, mientras que en los rangos medios y altos no logran sostener el poder adquisitivo frente al costo de vida.
Esto impacta directamente en la motivación de quienes deberían proyectarse hacia roles de mayor responsabilidad.
El bienestar como nueva prioridad
El estudio Talent Trends 2025, de la consultora Michael Page, refuerza esta tendencia: el 55% de los empleados renunciaría a un ascenso si afecta su bienestar.
En la misma línea, desde Adecco señalan que el 73% de los jóvenes prioriza el equilibrio entre vida personal y trabajo, por encima del crecimiento jerárquico.
Un cambio generacional profundo
La llamada Generación Z plantea una ruptura con modelos anteriores. A diferencia de los baby boomers y la Generación X, que asociaban el éxito al ascenso laboral, los jóvenes actuales buscan:
- Tiempo libre y calidad de vida
- Ambientes laborales saludables
- Flexibilidad y autonomía
Este cambio se vio acelerado por la pandemia y la expansión del teletrabajo.
Rechazo a la presencialidad obligatoria
Otro dato relevante es que el 65% de los jóvenes rechazó empleos con presencialidad obligatoria o jornadas rígidas.
La lógica detrás de esta decisión es clara: consideran que el rendimiento no depende del control constante, sino de la gestión autónoma del tiempo.
Tensiones en las empresas y nuevos desafíos
Este cambio de paradigma genera tensiones dentro de las organizaciones, especialmente en estructuras más tradicionales.
Mientras algunos sectores directivos siguen vinculando la presencialidad con compromiso, los trabajadores destacan el impacto positivo de la flexibilidad en su desempeño.
Productividad en riesgo y necesidad de adaptación
Los expertos advierten que esta desconexión puede derivar en menor productividad, pérdida de innovación y dificultades para retener talento.
Frente a este escenario, recomiendan a las empresas avanzar hacia modelos más flexibles, con foco en el bienestar y el trabajo por objetivos.
La transformación ya está en marcha: el desafío ahora es adaptar las organizaciones a una nueva forma de entender el trabajo, donde el equilibrio personal dejó de ser un beneficio y pasó a ser una condición central.