Un documental transmedia que invita a redescubrir formas sustentables y culturales de producir y consumir alimentos, más allá del modelo industrial.
En plena pandemia, surgió “Faros Alimentos”, un proyecto documental transmedia que busca visibilizar experiencias alternativas y transformadoras en la producción y consumo de alimentos.
María Celeste Nessier, licenciada en nutrición y docente investigadora de la Universidad Católica de Santa Fe, explicó en Vivos y Sueltos que esta iniciativa nació como una contrarreacción frente a la incertidumbre y la crisis social durante el aislamiento, con la intención de rescatar prácticas que contagian y multiplican modos diferentes de alimentarse.
Un proyecto que recupera saberes y experiencias diversas
El documental y su libro asociado recopilan casos a nivel provincial, regional, nacional e internacional, que abordan la alimentación desde distintas dimensiones: cultural, de género, política y ambiental.
La intención principal es mostrar que es posible comer por fuera del supermercado y recuperar la relación con el ecosistema y la producción local, en contraste con la cultura moderna que “ha dejado de cocinar para sólo calentar alimentos”, según la antropóloga Patricia Aguirre.
Huertas urbanas y economía social
Entre las experiencias destacadas está el programa de huertas municipales en Rosario, con más de 20 años y reconocimientos internacionales, que convierte terrenos periurbanos en espacios productivos agroecológicos.
En Reconquista, una huerta comunitaria en el barrio San Francisco, impulsada por la Secretaría de Promoción Social y el Movimiento Evita, logró dignificar la vida de unas 200 familias mediante la producción de alimentos orgánicos y la organización de ferias.
Sin embargo, las políticas públicas actuales dejaron de apoyar estas iniciativas, afectando el acceso a semillas y el sostenimiento de los proyectos.
Más allá de la producción: saberes y cultura alimentaria
El proyecto también recupera saberes tradicionales, como recetas caseras y remedios naturales que están en riesgo de perderse.
Además, subraya el enorme esfuerzo necesario para mantener huertas, que no es solo “tirar una semilla”, sino un trabajo profundo que incluye la recuperación y cuidado de la tierra, muchas veces dañada por la contaminación.
Impacto local y experiencias en pandemia
En Avellaneda, por ejemplo, se trabajan soluciones para regenerar nutrientes a partir de basura orgánica, con la participación de niños con discapacidad.
Durante la pandemia, iniciativas junto al INTA y la iglesia generaron circuitos para que familias cultiven alimentos en sus hogares, mejorando su calidad de vida y su relación con la comida.
Un enfoque económico y gastronómico
Nessier destaca la experiencia española, donde la gastronomía valoró los productos cultivados localmente, generando una corriente cultural y económica que rescata la “comida de olla” y el valor de los productos regionales.
Este modelo muestra que es posible darle valor económico y social a la producción local, algo que debería potenciarse en nuestro país.
Un llamado urgente a repensar nuestros hábitos
El proyecto invita a consumidores urbanos a elegir alimentos con orígenes diversos y a apoyar cadenas de producción basadas en la cooperación y la interculturalidad, no en la competencia corporativa.
“Faros Alimentos” es una invitación a despertar, reconectar con la tierra y reducir la dependencia de productos industrializados y envasados, concluye Nessier.
El documental y el libro están disponibles en canales digitales y buscadores para quienes deseen profundizar.