Una investigación académica advierte sobre el costo ambiental oculto de la inteligencia artificial y su vínculo con el uso de recursos hídricos a nivel global en expansión.
El acceso al agua potable es un derecho humano fundamental. Sin embargo, detrás de muchas de las tecnologías de uso cotidiano existe un consumo de recursos que suele pasar desapercibido. Bajo esa premisa, estudiantes de las carreras de Abogacía y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica de Santa Fe (UCSF) realizaron un trabajo de investigación sobre el impacto ambiental de la inteligencia artificial.
El estudio fue presentado en el II Encuentro de Estudiantes de Facultades de Derecho de la Red de Universidades Católicas (Red UC-OC), realizado en la sede San Juan de la Universidad Católica de Cuyo, bajo el lema “Construyendo la cultura de la paz”.
En representación de la UCSF participaron las estudiantes María del Pilar García Porta, Paz Trinadori y Anna Paula Gómez, acompañadas por los docentes Sergio Daniel Mencarelli y Diana Moralejo.
Agua, tecnología y conciencia ambiental
La investigación partió de una inquietud central: la relación entre el derecho al agua y los desafíos que plantea el desarrollo tecnológico, en especial la inteligencia artificial.
“Nos llamó la atención que el acceso al agua no estuviera garantizado de manera expresa en la Constitución Nacional”, explicó García Porta, quien señaló que el equipo avanzó luego hacia el análisis del reconocimiento internacional del agua como derecho humano esencial.
Las estudiantes destacaron que, aunque el agua es un recurso cotidiano, en muchas regiones del mundo sigue siendo limitado, mientras que el consumo asociado a la infraestructura digital permanece poco visible.
El consumo oculto de la inteligencia artificial
El trabajo expone que la inteligencia artificial requiere agua dulce para refrigerar los centros de datos, donde funcionan los servidores que sostienen estos sistemas.
Según la investigación, la generación de un texto breve mediante IA puede implicar el uso de aproximadamente medio litro de agua, considerando los procesos de enfriamiento asociados.
Más de la mitad de los encuestados en un relevamiento realizado en Santa Fe desconocía este impacto ambiental, lo que evidenció un bajo nivel de conciencia sobre el tema.
Resultados y percepción social
El estudio incluyó una encuesta a 255 personas, donde el 97 % consideró que el acceso al agua debe ser un derecho humano fundamental. Sin embargo, una mayoría no conocía el vínculo entre inteligencia artificial y consumo hídrico.
Las autoras remarcaron la necesidad de avanzar en regulaciones específicas que contemplen este tipo de impactos en el desarrollo tecnológico.
Intercambio académico y reflexión crítica
Para las estudiantes, la experiencia también significó un espacio de aprendizaje colectivo. Paz Trinadori destacó el valor del intercambio con jóvenes de distintas universidades del país, mientras que Anna Paula Gómez subrayó el crecimiento académico que implicó la participación en un congreso.
“Investigar no solo permite aprender, sino también forjar una mirada crítica”, afirmó García Porta.
Un debate que crece
El trabajo se inscribe en un contexto más amplio de debate global sobre el impacto ambiental de la tecnología. Las autoras retomaron además las reflexiones del Papa Francisco sobre el cuidado de la “Casa Común” y la necesidad de repensar el uso de los recursos naturales.
En paralelo, recordaron que la reciente reforma constitucional en Santa Fe incorporó el derecho al agua y a un ambiente sano, lo que refuerza la relevancia del tema investigado.
La investigación concluye con una advertencia clara: la inteligencia artificial abre oportunidades inéditas, pero también obliga a repensar su huella ambiental y las responsabilidades que implica su uso masivo.