Los cortes vacunos registraron aumentos muy por encima del promedio general, impulsados por la escasez de oferta y un cambio de ciclo en la producción ganadera.
El precio de la carne vacuna volvió a encabezar las subas dentro del rubro alimentos y se consolidó como uno de los principales motores de la inflación reciente. Tanto datos oficiales como mediciones privadas muestran que los incrementos superaron ampliamente el nivel general de precios, en un contexto marcado por oferta limitada y transformaciones estructurales en el sector ganadero.
Según el Indec, la inflación minorista de noviembre fue del 2,5 %, la más alta de los últimos seis meses, con los alimentos como principal factor de presión. En ese escenario, el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) informó que el precio promedio de la carne aumentó un 8,2 % mensual y acumuló una suba interanual del 72,8 %, más del doble de la inflación general del período.
En contraste, los precios del pollo y el cerdo registraron incrementos alineados con el índice general, lo que refuerza la idea de que el ajuste no responde a un boom del consumo interno, sino a problemas de oferta.
Factores de fondo y nuevo ciclo ganadero
Desde la Bolsa de Comercio de Rosario explicaron que la suba está directamente vinculada al aumento del valor de la hacienda en pie, que comenzó a acelerarse a mediados de octubre. Este incremento presiona sobre los precios al consumidor, aunque el traslado no ha sido total debido a que los eslabones intermedios buscan sostener el nivel de ventas.
En el último mes, el precio del novillito liviano subió cerca del 10 % en el Mercado Agroganadero y más de un 7 % en gancho, marcando una tendencia sostenida.
A este cuadro se suma la escasez estructural de animales, el encarecimiento histórico del ternero y las buenas condiciones forrajeras, que incentivan la retención de hacienda y reducen la oferta destinada a faena. La Sociedad Rural advirtió que se trata del inicio de un nuevo ciclo ganadero, y no de un fenómeno transitorio, señalando que la recomposición del stock demandará entre dos y cuatro años.
En ese contexto, el sector coincide en que la presión sobre los precios de la carne podría continuar durante 2026, con impacto directo sobre el costo de vida y la inflación de alimentos.