El juez federal y integrante de la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe habló de su infancia, familia, trabajo y experiencias que marcaron su manera de entender la vida y la función pública.
En una nueva entrevista del podcast “Modelos”, Aldo Mario Alurralde dejó por un momento el traje de juez y habló desde un lugar mucho más personal. El magistrado, reconocido por su trayectoria en el ámbito judicial y próximo a incorporarse a la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe, repasó aspectos de su vida que habitualmente quedan detrás de la figura pública.
“Siempre me ha gustado más que me llamen Aldo y no tanto doctor”, aclaró al comienzo de la charla. Y resumió una de las ideas que atravesó toda la conversación: “Detrás de un cargo, de una función, siempre hay una persona”.
Lejos de los lujos, una vida marcada por la sencillez
Vive en una zona rural de Nicanor Molina, un lugar al que llegó inicialmente por una cuestión económica: necesitaba dejar de pagar un alquiler y encontró una casa modesta que pudo ir arreglando con el tiempo.
“Una casa toda la vida uno la vive arreglando”, contó entre risas.
Lejos de la imagen que muchas veces se construye alrededor de quienes ocupan cargos de alta responsabilidad, aseguró que lleva una vida sencilla y que sus viajes más importantes fueron a Brasil y algunos destinos dentro del país.
“Vivo con lo que necesito para vivir”, resumió.
También contó que disfruta de las peñas folklóricas, donde procura ser simplemente uno más.
Una infancia marcada por el trabajo y la responsabilidad
Alurralde nació en una familia trabajadora. Su padre era ferroviario y su madre se dedicaba a la crianza de sus cuatro hijos y realizaba trabajos de corte y confección.
Cuando Aldo tenía 11 años, su padre falleció. A partir de entonces, su madre instaló un pequeño kiosco en una habitación de la vivienda, mientras la familia también subsistía con la pensión ferroviaria.
A los 18 años comenzó a trabajar.
Al recordar a su padre, destacó especialmente el ejemplo que recibió de él: la responsabilidad, el cumplimiento de los horarios y el sentido del deber.
Recordó incluso las mañanas en las que escuchaba la bocina del ferrocarril que anunciaba el ingreso del personal.
“Me transmitió imágenes de lo que era la conducta”, explicó.
Para Alurralde, esos ejemplos familiares fueron determinantes en su formación.
“Nosotros no nacimos solos. Vivimos en una sociedad y somos el producto del esfuerzo que ha hecho nuestra familia”, reflexionó.
La escuela, la adolescencia y una materia pendiente
Cursó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Santa Fe y recordó aquella etapa como una adolescencia tranquila, atravesada por una época en la que existían códigos y formalidades diferentes a los actuales.
Incluso recordó el uniforme obligatorio que utilizaban: camisa blanca, corbata azul y pantalón gris.
Su desempeño académico fue bueno, aunque hubo una materia que se convirtió en una verdadera dificultad: Educación Física.
Alurralde contó entre risas que esa fue la única asignatura que tuvo que rendir y que, por ese motivo, no pudo ser abanderado.
“Me saqué un dos en Educación Física”, recordó.
La anécdota se convirtió en una de las historias más distendidas de la entrevista, especialmente al recordar que llegó a practicar en su casa con una pelota de handball para intentar superar la materia.
Quería estudiar Psicología, pero la realidad marcó otro camino
Antes de elegir Derecho, Alurralde tenía otro interés académico: Psicología.
Sin embargo, las posibilidades económicas de su familia y la oferta académica de aquel momento hicieron que ese proyecto quedara postergado.
Durante la época de la hiperinflación, su familia atravesó momentos particularmente difíciles. Recordó que muchas veces faltaba mercadería en el kiosco de su madre y que incluso tenían atrasados impuestos porque la prioridad era poder comer.
“Era una época verdaderamente dura para nosotros”, recordó.
Con el tiempo terminó estudiando Derecho y comenzó a trabajar en el ferrocarril.
Del ferrocarril al Derecho
Como su padre había fallecido mientras todavía se encontraba en actividad, Alurralde pudo ingresar al ferrocarril mediante un cupo destinado a hijos de trabajadores.
Su primer puesto fue como peón provisorio.
Contó que estuvo a punto de ser enviado a trabajar a Charata, pero explicó que estaba estudiando y que necesitaba permanecer en Santa Fe. Finalmente fue destinado al depósito base.
Su trabajo estaba vinculado a tareas generales de mantenimiento. Entre otras cosas, debía colocar aserrín en las fosas para absorber el gasoil que se derramaba durante el mantenimiento de las máquinas y luego retirarlo con una carretilla.
La experiencia, lejos de ser algo que quisiera olvidar, la considera una parte fundamental de su formación.
“Me enseñó mucho”, afirmó.
También destacó todo lo que aprendió compartiendo el trabajo con personas que quizás no tenían estudios formales, pero que poseían grandes conocimientos técnicos, especialmente en mecánica, electricidad y carpintería.
El deber como una construcción familiar
A lo largo de la entrevista, Urralde volvió varias veces sobre una misma idea: nadie llega solo a ocupar un lugar en la vida.
Recordó a su madre, a su padre, a sus hermanos mayores y a quienes lo acompañaron durante sus años de estudio.
Contó que sus padres lo llevaban a la escuela, seguían sus tareas y se ocupaban de que estudiara. Para él, esas oportunidades fueron fundamentales.
“Yo tuve esa oportunidad”, señaló.
Esa mirada también atraviesa su concepción de la función pública. Para Alurralde, ocupar una responsabilidad institucional implica entender que se trata de un servicio y no de un privilegio personal.
“Ejercemos una función con mayor responsabilidad. Hay conciencia de que la función pública es un servicio”, sostuvo.
Así, detrás del juez, del abogado y del futuro integrante del máximo tribunal provincial aparece la historia de un hombre criado en una familia de trabajo, atravesado por dificultades económicas, que quiso estudiar Psicología, terminó eligiendo Derecho y comenzó su recorrido laboral desde abajo, en el ferrocarril.
Una historia que, como planteó durante la entrevista, ayuda a responder una pregunta mucho más profunda que cualquier cargo: ¿quién soy detrás de la función que desempeño?
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